Se despertó, eran las 6 de la mañana. Apaga el despertador, se levanta y se baña. Se seca, peina su cabellera castaña y lisa. Se pone un poco de perfume y se viste. Desayuna, se lava los dientes y sale. Afuera todavía está oscuro, y la brisa es fresca. Una tenue luz indicaba que el alba estaba llegando. Camina hasta la estación, espera al tren y se sube. A medida que va avanzando, se va llenando de personas, que el no mira ni ellas lo ven. Viaja con estos entes durante 40 minutos, y baja al final del recorrido. Toma un colectivo donde se cruza nuevamente con otros fantasmas, llega a su trabajo. Saluda con deferencia, pero todavía con más indiferencia. Trabaja, sin saber bien lo que hace. Atiende reclamos, lo insultan por algo que no hizo, recomienda sobre algo que nunca vio, intenta vender lo que no es suyo. A las 19:00 hs, sale. Saluda nuevamente con deferencia indiferente. Toma el mismo colectivo para volver a la estación. Se cruza con otros muchos entes. Toma el tren. Se queda a mitad de camino. Se retrasa durante media hora. Vuelve a andar. Llega a su ciudad a las 21:00 hs. Vuelve a casa. Todo es oscuridad, abre la puerta, el olor a soledad. Prende la luz, que revela el desorden. Se saca la ropa, se viste con el pijama. Come las sobras del domingo. Va a su cama, y encuentra a su única compañera: Una pantalla cúbica. La televisión. La enciende, y mira trivialidades. Está aburrido, piensa en llamar a alguna mujer para pasar la noche ocasionalmente. Y así lo hizo. Sin embargo, cuando ella se fue, se sintió vació como antes. Cuando estuvo con ella, aún estuvo solo.
Se despertó, eran las 6 de la mañana. Apaga el despertador, se levanta y se baña. Se seca, peina su cabellera castaña y lisa. Se pone un poco de perfume y se viste. Desayuna, se lava los dientes y sale. Afuera, está oscuro, y está lloviendo... Y lo mismo hasta el viernes. Llega a su casa, algo más temprano de lo habitual. Come algo rápidamente, y se baña. Luego se va a bailar. Llega a un lugar cerrado, ruidoso, plagado de luces intermitentes de todos los colores imaginables, destellos de arco iris. La atmósfera es densa y sofocante, el olor podría ser parecido al alquitrán (mezcla de alcohol, porro, cigarrillo y la máquina de humo). Intenta calmar su soledad hablando con alguien, pero nadie escucha allí. Luego, se da cuenta que es igual que viajar: nadie lo ve, y el no mira a nadie. Todo allí es artificial, y todas esas personas no son más que fantasmas. A pesar de estar rodeado de una multitud, está sólo. Logra escapar a un rincón donde la música no es tan ensordecedora. Habla con una chica que se llamaba Karina o Martina o Marina (no entendió bien, daba lo mismo). Luego se están besando. Luego, algo más. Comprendió nuevamente que estaba solo, y que estaba besándo a un fantasma, un vaho humano, un espejismo. Aún así, se acostó con ella. Al día siguiente, se levanta. Le duele mucho la cabeza, y siente que el estómago está en llamas. Toma un analgésico. Medita un rato, y recobra algunos recuerdos aislados de la noche anterior. Pensar le da jaqueca, así que sigue durmiendo. Y así pasa el sábado.
Se despertó, eran las 6 de la mañana. Apaga el despertador, se levanta y se baña. Se seca, peina su cabellera castaña y lisa. Se pone un poco de perfume y se viste. Desayuna, se lava los dientes y sale. Afuera, está oscuro, el frío es penetrante... Y lo mismo hasta el viernes. Llega a su casa, dentro del rango de horario que le es común. Come algo rápidamente, y se baña. Luego se va a bailar. Y lo mismo durante meses...
- ¿Quién es este chico?- Preguntó un curioso.
- No tengo idea.- Respondió otro curioso.
- Me dijo esa chica, que se llama Romina, o Camila o Yamila, da lo mismo, que estaba hablando con él. Ella no le escuchaba mucho lo que le decía: se quejaba de su vida, de su tristeza y de su soledad, cosas que aburren y a nadie le importa. Por eso Yamila, o Camila o Romina se alejó de él, y cuando apenas se había corridos unos pasos escuchó el disparo. Al darse vuelta, lo vio, justo como lo estamos viendo nosotros acá, con los cesos desparramados.- Dijo un tercer curioso, entre el círculo de curiosos que, como buitres sobre su presa se habían formado en círculo alrededor de aquél joven. Una sirena, destellos blancos y rojos. Llegaron los médicos, la gente se corre. Se llevan al muchacho.
domingo, 12 de abril de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
El cambalache del siglo XXI
Cambalache fue escrito y compuesto por Enrique Santos Discépolo en 1934. Su letra denunciaba los escándalos de corrupción política y moral en las que se hallaba sometido el país durante la "Década infame". Sin embargo, a 75 años de que ese tango se concibiera, sus postulados parecen más que vigentes, lo que nos hace replantear si alguna vez la década infame concluyó. Dejo aquí ese tango, baluarte de lo que padecemos los argentinos desde hace mucho tiempo...
Cambalache
Que el mundo fue y será una porquería,
ya lo sé...
¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
varones y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldad insolente
ya no hay quién lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio, chorro,
generoso o estafador!...
¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón...
¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignon",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
contra un calefón.
¡Siglo veinte cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale nomás! ¡dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
No pienses más,
sentate a un lao.
Que a nadie importa
si naciste honrao.
Es lo mismo el que labura
noche y día, como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley.
Cambalache
Que el mundo fue y será una porquería,
ya lo sé...
¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
varones y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldad insolente
ya no hay quién lo niegue.
Vivimos revolcaos en un merengue
y en el mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio, chorro,
generoso o estafador!...
¡Todo es igual! ¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos ni escalafón,
los inmorales nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón...
¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignon",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida
y herida por un sable sin remache
ves llorar la Biblia
contra un calefón.
¡Siglo veinte cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil.
¡Dale nomás! ¡dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
No pienses más,
sentate a un lao.
Que a nadie importa
si naciste honrao.
Es lo mismo el que labura
noche y día, como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura,
o está fuera de la ley.
jueves, 12 de marzo de 2009
Pongo el grito en el cielo
Pongo el grito en el cielo
porque el mundo es siniestro
porque con su estereotipos
plásticos y destructivos
dañan a niñas.
Convierten mentes inocentes
en esclavas autodestructivas.
Me lleno de furia
al ver como la vanidad imponen
como engañan a miles
haciendo creer que la belleza
es más importante que las virtudes.
La televisión irradia banalidades,
sus programas son terroristas
que enferman a las pequeñitas
mostrando una perfección utópica
que lleva hacia una desenfrenada e ilógica
carrera hacia un cuerpo irreal.
Ellos son genocidas,
que trabajan con total impunidad,
ganan millones por su trabajo,
y reciben las primeras tapas en los diarios.
La moda, fría asesina
susurra al oído de las chiquillas
les insufla pesadillas
dicéndoles que son feas
y que nadie las va a querer.
¡Vil y cruel mentira!
El amor no es por lo que se mira
y perdura por toda la vida.
¿Pero cómo competir
contra la voz de las revistas,
de la televisión,
de las publicidades?
Frente a tanta explosión de palabras e imágenes
lo insensato se vuelve creíble.
Y la moda se sonríe,
con sus delgadas y pálidas manos
a ellas las tiene en vilo.
Hoy una niña tiene el rostro sobre su almohada,
sus lágrimas inundaron las sábanas.
Ella no sabe como salir, ni sabe como entró.
Sólo sabe que está prisionera.
Atada.
Ve sus fuerzas menguar.
Ve su alma flaquear.
Se ve horrible.
Está perdida.
Nadie la sabe ayudar.
La moda le murmura: "Es el único camino"
Ella se engaña, y dice que así es.
Le cruje el estómago.
Pero no acepta comer.
Piensa que le va a hacer mal.
Que lo sano la va a empeorar.
Se siente sola.
Lo está.
Es entonces cuando se pregunta:
"¿Cómo llegué hasta acá?"
Pero no tiene la respuesta.
Y llora.
Ya no quiere vivir.
Esto puede ser ficción,
pero no quiere decir que sea irreal.
¿Querés saber por qué ella está ahí?
No es nada más culpa de la televisión.
Por gente como vos y como yo.
Porque los estereotipos aceptamos
y cuando los muestran
no los cuestionamos.
Porque a veces, nuestros tontos comentarios
dañan sensibilidades invisibles.
Porque muchas veces elegimos con los ojos
pero para ver lo que vale somos ciegos.
Es tu culpa.
Es la mía.
¿Vamos a seguir siendo partícipes de un flagelo tan grande?
porque el mundo es siniestro
porque con su estereotipos
plásticos y destructivos
dañan a niñas.
Convierten mentes inocentes
en esclavas autodestructivas.
Me lleno de furia
al ver como la vanidad imponen
como engañan a miles
haciendo creer que la belleza
es más importante que las virtudes.
La televisión irradia banalidades,
sus programas son terroristas
que enferman a las pequeñitas
mostrando una perfección utópica
que lleva hacia una desenfrenada e ilógica
carrera hacia un cuerpo irreal.
Ellos son genocidas,
que trabajan con total impunidad,
ganan millones por su trabajo,
y reciben las primeras tapas en los diarios.
La moda, fría asesina
susurra al oído de las chiquillas
les insufla pesadillas
dicéndoles que son feas
y que nadie las va a querer.
¡Vil y cruel mentira!
El amor no es por lo que se mira
y perdura por toda la vida.
¿Pero cómo competir
contra la voz de las revistas,
de la televisión,
de las publicidades?
Frente a tanta explosión de palabras e imágenes
lo insensato se vuelve creíble.
Y la moda se sonríe,
con sus delgadas y pálidas manos
a ellas las tiene en vilo.
Hoy una niña tiene el rostro sobre su almohada,
sus lágrimas inundaron las sábanas.
Ella no sabe como salir, ni sabe como entró.
Sólo sabe que está prisionera.
Atada.
Ve sus fuerzas menguar.
Ve su alma flaquear.
Se ve horrible.
Está perdida.
Nadie la sabe ayudar.
La moda le murmura: "Es el único camino"
Ella se engaña, y dice que así es.
Le cruje el estómago.
Pero no acepta comer.
Piensa que le va a hacer mal.
Que lo sano la va a empeorar.
Se siente sola.
Lo está.
Es entonces cuando se pregunta:
"¿Cómo llegué hasta acá?"
Pero no tiene la respuesta.
Y llora.
Ya no quiere vivir.
Esto puede ser ficción,
pero no quiere decir que sea irreal.
¿Querés saber por qué ella está ahí?
No es nada más culpa de la televisión.
Por gente como vos y como yo.
Porque los estereotipos aceptamos
y cuando los muestran
no los cuestionamos.
Porque a veces, nuestros tontos comentarios
dañan sensibilidades invisibles.
Porque muchas veces elegimos con los ojos
pero para ver lo que vale somos ciegos.
Es tu culpa.
Es la mía.
¿Vamos a seguir siendo partícipes de un flagelo tan grande?
lunes, 23 de febrero de 2009
El piloto
Desde su cabina, Carlos Morello observaba la vasta y celeste llanura, salpicada de vez en cuando por una pequeña mota blanca. En el oeste, hundiéndose entre las montañas, el disco anaranjado de fuego, descendiendo hacia su muerte, para luego resurgir como el Fénix, al día siguiente. El avión continuaba rasgando el aire, de vez en cuando traspasando una solitaria nube. Carlos amaba volar. Como cualquier joven de dieciocho años, preferiría estar preparándose para ir a un boliche, o estar reunido con un grupo de amigos para jugar a la pc o alguna otra consola, vistiéndose con ropas a la moda, conociendo gente. Así era su vida, hasta hacía poco tiempo. Pero la guerra lo había obligado a convertirse en un soldado. En un principio, cuando lo reclutaron, estaba aterrado. Salir de la seguridad de su casa, escapar del seguro encierro, dejar de lado la tecnología para el oc
io… Él hubiera preferido seguir con su niñez adolescente unos cuantos años más. Sin embargo, se enamoró de los aviones. No le costó mucho aprender a volar, puesto que estaba acostumbrado a los controles de videojuegos. Y volar… era como escapar de los males de la Tierra, estar fuera de ellos. Sentir un cosquilleo que recorría cada nervio del cuerpo, reconfortando, relajando. El suave siseo que producía la aeronave, era una música relajante, una obra maestra interpretada por el viento, un oboe, una flauta, un clarinete. Había descubierto, junto con el placer de volar, algo que nunca había experimentado en su vida: la reflexión. Acostumbrado al ritmo vertiginoso de la ciudad, del auto a toda marcha, de los horarios ajustados, de pocas horas de sueño, de bailes, fiestas, borracheras, orgías, drogas, videojuegos, mujeres, irresponsabilidad, peleas, televisión, películas y publicidades que martillaban en su cabeza aquello que debía hacer un joven, nunca había reflexionado. Nunca se había preguntado el por qué. ¿Por qué se emborrachaba? No importaba, después de todo, sus amigos lo hacían, cualquier joven normal lo hacía, era divertido, se desinhibía. ¿Por qué tener sexo con cualquier mujer que se cruzara en su camino? Ni pensarlo, era placentero, golosamente gozoso, ¿Quién sería tan estúpido de refrenar un deseo tan natural? ¿Amor? Habría tiempo para eso, quizá, más tarde. La guerra (y el hecho de que él estuviera implicado en ella) había hecho que Carlos madurara repentinamente, como no lo había hecho en dieciocho años. Al ver como él y sus compañeros se preparaban para destruir a otros hombres, otros seres como él, fue cuando su cabeza lanzó, tal como si fuera una blasfemia, su primer por qué. Se sintió algo avergonzado al preguntarse eso.
-Defendemos la Dignidad Nacional, la Paz Mundial, la Supervivencia de la Raza Humana.- Se había dicho, contra argumentando a su parte rebelde.
-¿Defender la Dignidad, mandando a jóvenes a la guerra? ¿Cuidar de la Paz, haciendo Guerra? ¿Asegurar la Supervivencia de la humanidad, matando hombres?- Replicó una parte osada dentro suyo. Carlos se había sentido asustado de tal pensamiento, e intentó callarlo.
- Es lo que dicen los que saben. Soy un joven, ¿Qué puedo saber? ¿Y qué me importan a mí esas cosas? No soy político… - Sin embargo, sentía que esas cosas le importaban cada vez más. El viejo dogma se estaba derrumbando.
-¿Y qué te hace pensar que ellos tiene razón? Si fueran tan sagaces, no estaríamos en Guerra, ¿No?
-¡Basta!- Había gritado. Pensó en consultar al psiquiatra. Era la primera vez que escuchaba esa voz insidiosa. Su primer pensamiento genuino, propio. Dolía, se sentía asustado, enfermo, su cerebro, pensaba él, era como un hervidero de gérmenes malignos que podrían contaminarlo, infectarlo y convertirlo en uno de esos locos que eran diferentes, que leían libros y que vivían una vida austera. Por un tiempo pudo callar a su parte renegada, pero siempre que volaba no lograba refrenarse. El silencio, la soledad, la vastedad del cielo que se extendía como un manto majestuoso sobre su cabeza, tan cercano y a la vez tan inalcanzable, despertaba con toda intensidad esa insoportable voz. Y eso mismo había sucedido esta vez. Él se había puesto a reflexionar. No quiso que fuera así, pero fue más fuerte que él.
-Y me hallo aquí, solo. Aunque siempre estuve solo.- Declaró con osadía la voz.
- ¡Claro que no!- Replicó Carlos.- Tuve muchos amigos, y de los buenos.
- ¡Jajajaja!- Rió la voz con una carcajada muy diferente a la de Carlos- Esos no eran amigos.
- Claro que lo eran.
- Ojos que no ven… ¿Sos así de estúpido? ¿O sólo fingís para no ver la realidad?- Incurrió irrespetuosamente.
- ¡Basta!- Chilló tapándose los oídos. Se sacó su casco de piloto.
- Vamos, sólo estaban con vos porque tenías algo que ofrecer. Una buena consola de videojuegos, y tenías un grupo de “amigos” asegurado en tu casa. Pero ¿Qué hay de los momentos en que estabas mal? ¿Alguno de ellos se acercó a vos?
- No…- Musitó quedamente Carlos.
- Por supuesto que no. Es aburrido escuchar a Carlos quejarse de su vida, soportarlo derramando lágrimas, aconsejarlo para que intente salir de su depresión. Para ellos era mejor visitarlo cuando se sobrepusiera, o al menos cuando fingiera estar bien, de modo que pudieran jugar con sus consolas nuevas. ¡Imbécil! Te dejaste usar, para sentir que tenías amigos, que había gente que te quería…- Declaró la voz con insolencia. Unas frías lágrimas se deslizaron por las mejillas del piloto. Este se quedó observando en silencio el cielo, cada vez más rojizo. Algo nuevo que había aprendido desde que fuera reclutado: a admirar la naturaleza. Nunca antes había escrutado el cielo, y de repente halló en él una belleza tan enorme y sobrecogedora que superaba cualquier espectáculo que ofreciera la televisión. Sin embargo, nunca antes había reparado en esa inmensidad celeste. Había olvidado completamente que estaba en la cabina, que piloteaba un avión, que se hallaba a miles de metros de altura. La charla consigo mismo lo abstraía por completo a un mundo nuevo, que nunca antes había experimentado. Desesperadamente buscaba algo con que darle en las narices a esa voz molesta, hasta que dio con lo que buscaba.
- Puede ser que no haya tenido amigos… Pero después de todo, ¿Quién los necesita? Sin embargo, tuve mujeres, y eso no me lo puede negar nadie. Soy una persona atractiva y con carisma, y muchas hermosas jovencitas se rindieron ante mis encantos.
- ¿Estás seguro?- Preguntó con sorna el pensamiento.
-Sabés tan bien como yo, que es así.
- Sí, así es.
- ¿Ves? No tenés nada para decir, ¿No?
- Tuviste mujeres, es cierto… En teoría, tuviste mujeres.- Respondió con una calma irónica
- ¿En teoría?
- Como oíste. Lo único que hiciste fue atraer mujeres, besarlas, acariciarlas, tener sexo con ellas, usarlas… y ellas hicieron otro tanto con vos.
- Y bien, tuve mujeres entonces. Eso es tener mujeres, precisamente.
- No lo es, amigo. Las usaste como un objeto, como un medio de satisfacerte, y ellas a vos.
- Qué más da… Fueron mías.- Respondió Carlos con sequedad.
- No. ¿Acaso pensás que les importabas un comino? ¿Qué fuiste el primero que las tocó? Eran tan tuyas como del muchacho con el que habían estado la noche anterior. Eran baños públicos, como vos. Uno entra para hacer sus necesidades, y una vez hechas, se va sin más.
- Aunque sea por esa noche fueron mías…- Replicó Carlos comenzando a fastidiarse.
- Nunca tuviste una mujer, estoy seguro. Nunca amaste, ni nunca una mujer te amó. Lo máximo que llegaste a hacer fue satisfacer tus deseos carnales, y con alguien que apenas conocías. Fuiste superficial y desenfrenado. Nunca te sentaste a buscar una mujer de verdad, siempre te acercaste a ellas por un interés físico… y a las que no cumplían con tus estándares, las desechabas.
- Y bien, fui feliz así. – Nuevamente, el pensamiento soltó esas carcajadas tan irritantes–
- De mucho no te sirvió, ¿No? Estás acá, sólo. Quizá nunca vuelvas de la Guerra, y lo único que queda en tu recuerdo es un puñado de muchachas con las que tuviste relaciones (pues sos virgen aún, en el campo de hacer el amor). Sin embargo, si morís, ¿Acaso alguna de ellas va a llorar? ¿Va a llorar alguien por vos? – Este nuevo pensamiento arrastró a Carlos hacia una nueva oleada de lágrimas. ¿Quién podía llorar por alguien como él, por una vaga, fantasmática presencia, que era una réplica de muchos otros? Nunca había dado amor. Nunca lo había recibido. Nunca había sido solidario. Nunca había tenido principios. Nunca hecho algo bello. Nunca había hecho algo propiamente humano.
Un lejano bip sonó, en alguna parte, lejos, a la vez cerca. Carlos no prestó atención, su cabeza buscaba desesperadamente un argumento.
- Tuve muchas cosas materiales- Dijo al fin.
- Vamos, intentá con algo mejor. ¿Acaso pudo el dinero comprar felicidad en los momentos de soledad? ¿Acaso obtuviste algún beneficio?- ¡Bip! El cerebro de Carlos carburaba como nunca lo había hecho antes. Estaba empapado en un sudor frío, y tenía la cabeza afiebrada.
- Me emborraché muchas veces y me drogué- ¡Bip!
- Ni me esforzaré en rebatir esos argumentos…- ¡Bip!
- Tuve muchos placeres…- Replicó casi sin aire. ¡Bip!
- Placeres físicos, pero ninguno espiritual.- Refutó la voz. ¡Bip!
- ¡Pará por favor!- ¡Bip!
- Nunca.- ¡Bip!- Diste- ¡Bip!- Un- ¡Bip!- Alto- ¡Bip!- A todo- ¡Bip!- Esto.- ¡Bip!- Replicó el pensamiento, impertérrito. Carlos se golpeó la cabeza, pero no logró nada. Con sus manos se apretó los ojos con fuerza. Nuevamente todo fue silencio, excepto por el lejano chillido, cada vez más repetitivo. La sinfonía del viento parecía estar aminorando. Carlos volvió a estar en la cabina de su avión de combate. Un led rojo titilaba incansablemente sobre un cartel que decía “Combustible”. La velocidad iba en descenso.
- Viví la vida…- Intentó defenderse cansinamente de la voz.
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
- ¿Viviste? Te dejaste arrastrar.
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
- Disfruté…
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
- Pasaste al vicio…
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
- Hice lo que todo joven haría…- Nuevas alarmas comenzaron a sonar, como un enjambre de abejas furiosas.
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu!
- Fuiste una marioneta…
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu! El avión se hallaba a 90°, en descenso. Carlos disfrutaba del paisaje: el sol, invisible detrás de Los Andes. Como única evidencia de que se hallaba allí, un fulgor anaranjado, que teñía al cielo cada vez más oscuro.
-Al final…
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu!
- Lo único que pude pilotear…
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu!
- Fue un avión…
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu!
¡Pum!
io… Él hubiera preferido seguir con su niñez adolescente unos cuantos años más. Sin embargo, se enamoró de los aviones. No le costó mucho aprender a volar, puesto que estaba acostumbrado a los controles de videojuegos. Y volar… era como escapar de los males de la Tierra, estar fuera de ellos. Sentir un cosquilleo que recorría cada nervio del cuerpo, reconfortando, relajando. El suave siseo que producía la aeronave, era una música relajante, una obra maestra interpretada por el viento, un oboe, una flauta, un clarinete. Había descubierto, junto con el placer de volar, algo que nunca había experimentado en su vida: la reflexión. Acostumbrado al ritmo vertiginoso de la ciudad, del auto a toda marcha, de los horarios ajustados, de pocas horas de sueño, de bailes, fiestas, borracheras, orgías, drogas, videojuegos, mujeres, irresponsabilidad, peleas, televisión, películas y publicidades que martillaban en su cabeza aquello que debía hacer un joven, nunca había reflexionado. Nunca se había preguntado el por qué. ¿Por qué se emborrachaba? No importaba, después de todo, sus amigos lo hacían, cualquier joven normal lo hacía, era divertido, se desinhibía. ¿Por qué tener sexo con cualquier mujer que se cruzara en su camino? Ni pensarlo, era placentero, golosamente gozoso, ¿Quién sería tan estúpido de refrenar un deseo tan natural? ¿Amor? Habría tiempo para eso, quizá, más tarde. La guerra (y el hecho de que él estuviera implicado en ella) había hecho que Carlos madurara repentinamente, como no lo había hecho en dieciocho años. Al ver como él y sus compañeros se preparaban para destruir a otros hombres, otros seres como él, fue cuando su cabeza lanzó, tal como si fuera una blasfemia, su primer por qué. Se sintió algo avergonzado al preguntarse eso.-Defendemos la Dignidad Nacional, la Paz Mundial, la Supervivencia de la Raza Humana.- Se había dicho, contra argumentando a su parte rebelde.
-¿Defender la Dignidad, mandando a jóvenes a la guerra? ¿Cuidar de la Paz, haciendo Guerra? ¿Asegurar la Supervivencia de la humanidad, matando hombres?- Replicó una parte osada dentro suyo. Carlos se había sentido asustado de tal pensamiento, e intentó callarlo.
- Es lo que dicen los que saben. Soy un joven, ¿Qué puedo saber? ¿Y qué me importan a mí esas cosas? No soy político… - Sin embargo, sentía que esas cosas le importaban cada vez más. El viejo dogma se estaba derrumbando.
-¿Y qué te hace pensar que ellos tiene razón? Si fueran tan sagaces, no estaríamos en Guerra, ¿No?
-¡Basta!- Había gritado. Pensó en consultar al psiquiatra. Era la primera vez que escuchaba esa voz insidiosa. Su primer pensamiento genuino, propio. Dolía, se sentía asustado, enfermo, su cerebro, pensaba él, era como un hervidero de gérmenes malignos que podrían contaminarlo, infectarlo y convertirlo en uno de esos locos que eran diferentes, que leían libros y que vivían una vida austera. Por un tiempo pudo callar a su parte renegada, pero siempre que volaba no lograba refrenarse. El silencio, la soledad, la vastedad del cielo que se extendía como un manto majestuoso sobre su cabeza, tan cercano y a la vez tan inalcanzable, despertaba con toda intensidad esa insoportable voz. Y eso mismo había sucedido esta vez. Él se había puesto a reflexionar. No quiso que fuera así, pero fue más fuerte que él.
-Y me hallo aquí, solo. Aunque siempre estuve solo.- Declaró con osadía la voz.
- ¡Claro que no!- Replicó Carlos.- Tuve muchos amigos, y de los buenos.
- ¡Jajajaja!- Rió la voz con una carcajada muy diferente a la de Carlos- Esos no eran amigos.
- Claro que lo eran.
- Ojos que no ven… ¿Sos así de estúpido? ¿O sólo fingís para no ver la realidad?- Incurrió irrespetuosamente.
- ¡Basta!- Chilló tapándose los oídos. Se sacó su casco de piloto.
- Vamos, sólo estaban con vos porque tenías algo que ofrecer. Una buena consola de videojuegos, y tenías un grupo de “amigos” asegurado en tu casa. Pero ¿Qué hay de los momentos en que estabas mal? ¿Alguno de ellos se acercó a vos?
- No…- Musitó quedamente Carlos.
- Por supuesto que no. Es aburrido escuchar a Carlos quejarse de su vida, soportarlo derramando lágrimas, aconsejarlo para que intente salir de su depresión. Para ellos era mejor visitarlo cuando se sobrepusiera, o al menos cuando fingiera estar bien, de modo que pudieran jugar con sus consolas nuevas. ¡Imbécil! Te dejaste usar, para sentir que tenías amigos, que había gente que te quería…- Declaró la voz con insolencia. Unas frías lágrimas se deslizaron por las mejillas del piloto. Este se quedó observando en silencio el cielo, cada vez más rojizo. Algo nuevo que había aprendido desde que fuera reclutado: a admirar la naturaleza. Nunca antes había escrutado el cielo, y de repente halló en él una belleza tan enorme y sobrecogedora que superaba cualquier espectáculo que ofreciera la televisión. Sin embargo, nunca antes había reparado en esa inmensidad celeste. Había olvidado completamente que estaba en la cabina, que piloteaba un avión, que se hallaba a miles de metros de altura. La charla consigo mismo lo abstraía por completo a un mundo nuevo, que nunca antes había experimentado. Desesperadamente buscaba algo con que darle en las narices a esa voz molesta, hasta que dio con lo que buscaba.
- Puede ser que no haya tenido amigos… Pero después de todo, ¿Quién los necesita? Sin embargo, tuve mujeres, y eso no me lo puede negar nadie. Soy una persona atractiva y con carisma, y muchas hermosas jovencitas se rindieron ante mis encantos.
- ¿Estás seguro?- Preguntó con sorna el pensamiento.
-Sabés tan bien como yo, que es así.
- Sí, así es.
- ¿Ves? No tenés nada para decir, ¿No?
- Tuviste mujeres, es cierto… En teoría, tuviste mujeres.- Respondió con una calma irónica
- ¿En teoría?
- Como oíste. Lo único que hiciste fue atraer mujeres, besarlas, acariciarlas, tener sexo con ellas, usarlas… y ellas hicieron otro tanto con vos.
- Y bien, tuve mujeres entonces. Eso es tener mujeres, precisamente.
- No lo es, amigo. Las usaste como un objeto, como un medio de satisfacerte, y ellas a vos.
- Qué más da… Fueron mías.- Respondió Carlos con sequedad.
- No. ¿Acaso pensás que les importabas un comino? ¿Qué fuiste el primero que las tocó? Eran tan tuyas como del muchacho con el que habían estado la noche anterior. Eran baños públicos, como vos. Uno entra para hacer sus necesidades, y una vez hechas, se va sin más.
- Aunque sea por esa noche fueron mías…- Replicó Carlos comenzando a fastidiarse.
- Nunca tuviste una mujer, estoy seguro. Nunca amaste, ni nunca una mujer te amó. Lo máximo que llegaste a hacer fue satisfacer tus deseos carnales, y con alguien que apenas conocías. Fuiste superficial y desenfrenado. Nunca te sentaste a buscar una mujer de verdad, siempre te acercaste a ellas por un interés físico… y a las que no cumplían con tus estándares, las desechabas.
- Y bien, fui feliz así. – Nuevamente, el pensamiento soltó esas carcajadas tan irritantes–
- De mucho no te sirvió, ¿No? Estás acá, sólo. Quizá nunca vuelvas de la Guerra, y lo único que queda en tu recuerdo es un puñado de muchachas con las que tuviste relaciones (pues sos virgen aún, en el campo de hacer el amor). Sin embargo, si morís, ¿Acaso alguna de ellas va a llorar? ¿Va a llorar alguien por vos? – Este nuevo pensamiento arrastró a Carlos hacia una nueva oleada de lágrimas. ¿Quién podía llorar por alguien como él, por una vaga, fantasmática presencia, que era una réplica de muchos otros? Nunca había dado amor. Nunca lo había recibido. Nunca había sido solidario. Nunca había tenido principios. Nunca hecho algo bello. Nunca había hecho algo propiamente humano.
Un lejano bip sonó, en alguna parte, lejos, a la vez cerca. Carlos no prestó atención, su cabeza buscaba desesperadamente un argumento.
- Tuve muchas cosas materiales- Dijo al fin.
- Vamos, intentá con algo mejor. ¿Acaso pudo el dinero comprar felicidad en los momentos de soledad? ¿Acaso obtuviste algún beneficio?- ¡Bip! El cerebro de Carlos carburaba como nunca lo había hecho antes. Estaba empapado en un sudor frío, y tenía la cabeza afiebrada.
- Me emborraché muchas veces y me drogué- ¡Bip!
- Ni me esforzaré en rebatir esos argumentos…- ¡Bip!
- Tuve muchos placeres…- Replicó casi sin aire. ¡Bip!
- Placeres físicos, pero ninguno espiritual.- Refutó la voz. ¡Bip!
- ¡Pará por favor!- ¡Bip!
- Nunca.- ¡Bip!- Diste- ¡Bip!- Un- ¡Bip!- Alto- ¡Bip!- A todo- ¡Bip!- Esto.- ¡Bip!- Replicó el pensamiento, impertérrito. Carlos se golpeó la cabeza, pero no logró nada. Con sus manos se apretó los ojos con fuerza. Nuevamente todo fue silencio, excepto por el lejano chillido, cada vez más repetitivo. La sinfonía del viento parecía estar aminorando. Carlos volvió a estar en la cabina de su avión de combate. Un led rojo titilaba incansablemente sobre un cartel que decía “Combustible”. La velocidad iba en descenso.
- Viví la vida…- Intentó defenderse cansinamente de la voz.
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
- ¿Viviste? Te dejaste arrastrar.
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
- Disfruté…
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
- Pasaste al vicio…
¡Bip! ¡Bip! ¡Bip! ¡Bip!
- Hice lo que todo joven haría…- Nuevas alarmas comenzaron a sonar, como un enjambre de abejas furiosas.
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu!
- Fuiste una marioneta…
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu! El avión se hallaba a 90°, en descenso. Carlos disfrutaba del paisaje: el sol, invisible detrás de Los Andes. Como única evidencia de que se hallaba allí, un fulgor anaranjado, que teñía al cielo cada vez más oscuro.
-Al final…
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu!
- Lo único que pude pilotear…
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu!
- Fue un avión…
¡Bip! ¡Trin! ¡Tuut! ¡Tzzz! ¡Duuu!
¡Pum!
sábado, 14 de febrero de 2009
La superación personal y la degradación colectiva: El "progreso" de la humanidad
Es natural ver hoy día como algo común la búsqueda de la constante superación de uno mismo. Y es cierto que en buena medida, implica un persistente aumento de profesionales, y a su vez, de profesionales de profesionales. Ya no es suficiente el título secundario, y el título universitario parece estar quedando corto. La superación, por consiguiente, se tarda muchos años en conseguir, y una vez obtenida, no es suficiente, puesto que uno debe constantemente competir por el trabajo y mantenerse al día. Ahora bien, en este punto, es donde radica el problema. Mientras buscamos nuestro crecimiento a nivel personal, nos olvidamos de lo que está fuera. En el afán de la evolución individual, cancelamos por completo a los otros. Y de esta forma, nos preocupamos solo por nosotros, reduciendo nuestro universo a lo básico y esencial: Uno mismo. Esto sin duda debilita los lazos colectivos, deteriorando la solidaridad y la ayuda mutua, que deberían ser pilares en toda sociedad. En la individualidad, no somos nada. ¿De qué sirve tan sólo una persona que done 200 pesos al mes a un organismo de caridad? Es más útil que, aunque donen un peso cada una, lo hagan 1 millón. ¿Qúé logrará una persona manifestándose? No mucho. Pero un millón pueden mover la opinión pública, dar a conocer sus ideas.
Si hay un mundo que necesita de la fortaleza de los lazos sociales, de la búsqueda del "bien común", es el de hoy. No pienso que la superación individual sea algo negativo: sólo que a veces nos hace demasiado insensibles y egoístas, y nos encierra en un mundo tan pequeño como nosotros mismos.
lunes, 26 de enero de 2009
Confesiones de un joven del siglo XXI
Hoy está de moda no pensar
Y de dejar que una máquina
Lo haga todo por mí,
Que la televisión sea mi mentora.
Que Internet sea mi profesora.
De esta forma, no me tengo que preocupar.
Hoy está de moda no actuar
Ver sin observar
Escuchar sin oír.
Cada cual tiene sus problemas,
Yo tengo los míos.
No voy a arriesgar mi pellejo
Por aquél que dicen es mi prójimo.
¿Quién es más importante que yo?
Si no obtengo beneficio alguno
No me moveré por ninguno.
Hoy está de moda disfrutar
Vivir como si no hubiera mañana
Buscar placeres prohibidos
¿Para que vivir cohibido?
El amor duradero no existe
Y se que no voy a arrepentirme
Si con cualquier mujer me acuesto.
¡Qué el alcohol y las drogas agudicen mis sentidos!
De esta forma, seré más divertido.
Hoy está de moda lastimar,
Herir a otros sin razón,
Juzgarlos diferentes,
Despreciarlos
Y por qué no, humillarlos.
No me pregunten los motivos.
Simplemente es entretenido.
Y como lo hacen mis amigos
Yo no me puedo negar.
Hoy está de moda ser superficial,
Y a las banalidades idolatrar.
Es bueno poder ser famoso
Sin haber hecho nada distinguido,
Y eso es a lo que aspiro.
El esfuerzo para conseguir reconocimiento
Es algo sin fundamento.
Es preciso que llene mi ego
Con las falsas adulaciones de desconocidos
Con palabras vacías e impersonales
Escritas en páginas virtuales.
Yo no quiero cambiar
Que nadie me diga que es lo que está bien.
A las reglas voy a quebrar
Y ninguno va a pararme.
Y de dejar que una máquina
Lo haga todo por mí,
Que la televisión sea mi mentora.
Que Internet sea mi profesora.
De esta forma, no me tengo que preocupar.
Hoy está de moda no actuar
Ver sin observar
Escuchar sin oír.
Cada cual tiene sus problemas,
Yo tengo los míos.
No voy a arriesgar mi pellejo
Por aquél que dicen es mi prójimo.
¿Quién es más importante que yo?
Si no obtengo beneficio alguno
No me moveré por ninguno.
Hoy está de moda disfrutar
Vivir como si no hubiera mañana
Buscar placeres prohibidos
¿Para que vivir cohibido?
El amor duradero no existe
Y se que no voy a arrepentirme
Si con cualquier mujer me acuesto.
¡Qué el alcohol y las drogas agudicen mis sentidos!
De esta forma, seré más divertido.
Hoy está de moda lastimar,
Herir a otros sin razón,
Juzgarlos diferentes,
Despreciarlos
Y por qué no, humillarlos.
No me pregunten los motivos.
Simplemente es entretenido.
Y como lo hacen mis amigos
Yo no me puedo negar.
Hoy está de moda ser superficial,
Y a las banalidades idolatrar.
Es bueno poder ser famoso
Sin haber hecho nada distinguido,
Y eso es a lo que aspiro.
El esfuerzo para conseguir reconocimiento
Es algo sin fundamento.
Es preciso que llene mi ego
Con las falsas adulaciones de desconocidos
Con palabras vacías e impersonales
Escritas en páginas virtuales.
Yo no quiero cambiar
Que nadie me diga que es lo que está bien.
A las reglas voy a quebrar
Y ninguno va a pararme.
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juventud joven siglo xxi desenfreno
Cielo nuevo, Tierra nueva
Tenemos la enorme tarea de construir. Y no construir cualquier cosa, una casa, un puente, un edificio. No. Algo mucho más difícil. Debemos construir el mundo. Menudo trabajo llevamos en nuestras espaldas. En realidad, podría decirse que el mundo está construido desde hace siglos, sería más correcto decir que debemos “reconstruir”. Esto hace más difícil nuestra labor. Los cimientos están bien fundados en la inmoralidad, las vigas son de egoísmo, y los ladrillos de desenfreno. El techo, de corrupción. Por fuera, el revoque es de diversión, y la pintura intenta mostrarse correcta: la fachada perfecta, para no ver lo que hay por dentro. Evidentemente, quiénes intentamos mejorar el mundo, reconstruirlo, somos una minoría. Y pienso que, por tanto, nuestro esfuerzo por lograrlo debe ser aún más grande. Muchas veces me veo a mi mismo, perdiendo el tiempo en cosas qu
e no construyen, cuando en realidad podría estar haciendo algo útil. No tengo nada contra el ocio, pero cuando este se torna excesivo, corremos el riesgo de desperdiciar el poco tiempo que tenemos en la Tierra. Y cuanto más dejemos que nuestro cerebrito esté “ausente”, y abusemos de la desocupación intelectual, más difícil será reconstruir el mundo, menos capacitados estaremos. Sin embargo, tampoco es cuestión sólo de capacidad intelectual. Hay muchos que, siendo inteligentes, son tan funcionales como el resto en cuanto a exigencias del sistema, siguen siendo amorales. Pero otros, en su sencillez, valoran la vida como corresponde, y eligen el camino de la moralidad. Estos también, tienen una tarea importante en la reconstrucción del mundo: su sencillez y humildad pueden demostrar cosas que quizá los “intelectuales” no logren. Además, cuentan con menos vicios que aquellos que suelen pensar demasiado. En definitiva, reconstruir el mundo es tarea de todos los días, puede ser en pequeños actos, o a gran escala. Pero es trabajo diario. Quien elige ser un disidente, lo es cada día. Tenemos nuestras fallas, nuestros errores y deslices (me temo que somos humanos, imbéciles por naturaleza) pero luchemos, luchemos contra la gran mayoría que nos presiona, contras los bombardeos constantes de los medios, contra los políticos que destilan palabras dulces colmadas de veneno y contra aquellos falsos profetas que predican que los valores son algo arcaico, que predican el libertinaje, una forma distorsionada y corrompida de la libertad. Jóvenes, compañeros, amigos, deseo que este 2009 sea próspero para todos ustedes. Pero la prosperidad no viene sola, sino que es producto del esfuerzo. Esforcémonos, entonces, por nuestros ideales, que en este siglo XXI es lo que más falta: Hay diversidad de tribus urbanas, hay diversidad de partidos, de religiones, de profesiones, de asociaciones, pero tras la mayoría de estos no existen ideales. Les deseo un muy feliz año nuevo, y ojalá podamos algún día construir ese Cielo nuevo, esa Tierra nueva que tanta falta hacen.
e no construyen, cuando en realidad podría estar haciendo algo útil. No tengo nada contra el ocio, pero cuando este se torna excesivo, corremos el riesgo de desperdiciar el poco tiempo que tenemos en la Tierra. Y cuanto más dejemos que nuestro cerebrito esté “ausente”, y abusemos de la desocupación intelectual, más difícil será reconstruir el mundo, menos capacitados estaremos. Sin embargo, tampoco es cuestión sólo de capacidad intelectual. Hay muchos que, siendo inteligentes, son tan funcionales como el resto en cuanto a exigencias del sistema, siguen siendo amorales. Pero otros, en su sencillez, valoran la vida como corresponde, y eligen el camino de la moralidad. Estos también, tienen una tarea importante en la reconstrucción del mundo: su sencillez y humildad pueden demostrar cosas que quizá los “intelectuales” no logren. Además, cuentan con menos vicios que aquellos que suelen pensar demasiado. En definitiva, reconstruir el mundo es tarea de todos los días, puede ser en pequeños actos, o a gran escala. Pero es trabajo diario. Quien elige ser un disidente, lo es cada día. Tenemos nuestras fallas, nuestros errores y deslices (me temo que somos humanos, imbéciles por naturaleza) pero luchemos, luchemos contra la gran mayoría que nos presiona, contras los bombardeos constantes de los medios, contra los políticos que destilan palabras dulces colmadas de veneno y contra aquellos falsos profetas que predican que los valores son algo arcaico, que predican el libertinaje, una forma distorsionada y corrompida de la libertad. Jóvenes, compañeros, amigos, deseo que este 2009 sea próspero para todos ustedes. Pero la prosperidad no viene sola, sino que es producto del esfuerzo. Esforcémonos, entonces, por nuestros ideales, que en este siglo XXI es lo que más falta: Hay diversidad de tribus urbanas, hay diversidad de partidos, de religiones, de profesiones, de asociaciones, pero tras la mayoría de estos no existen ideales. Les deseo un muy feliz año nuevo, y ojalá podamos algún día construir ese Cielo nuevo, esa Tierra nueva que tanta falta hacen.
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